Bueno pero ¿entoncespor qué no pintas? ah pues ahí está lo bueno, en responder ese porqué. Tengo varias teorías, con algunas me "doro la píldora" como decía mi terapeuta. Estuve varios meses convencida de que simplemente estaba deprimida y no me daban ganas de pintar, y sí, en apariencia es así, pero creo que eso sólo es "por encimita".
Luego está la teoría dos, que dice que estoy estresada y que para pintar me hace falta relajarme, esa también tiene su dosis de verdad, pero también es aparente y superficial.
La respuesta, me vino en sueños, ya que por lo visto tengo un subconsciente bien eficiente, soñé que tenía alas, pero que encima traía una red con la que arrastraba personas y cosas y ese peso, me impedía volar.
Sí alguien leyó El espejo en el espejo de Michael Ende, me entenderá, de hecho los primeros dos capítulos son, bueno casi casi mi autobiografía.
La traducción de mi sueño alucinógeno es que no pinto, porque pintar es una experiencia tan sensacional que para mi sería algo tan genial como volar, pero no lo hago porque creo que no merezco sentirme así de libre y maravillosa, porque ¿cómo puedo sentirme así enmedio de toda la tristeza y enfermedad que hay ahorita en mi familia? entonces, me inventé una red con la que trato de cubrirlos a todos, pero pesa tanto que me impide volar.
Les dejo un fragmento del libro de Ende que les menciono:
[...] El hijo se había soñado alas bajo la experta dirección de su padre y maestro. [...]
Con el tiempo se había acostumbrado tan por completo a sus alas que las sentía como parte de su cuerpo, tanto que experimentaba en ellas dolor o bienestar. Al final había tenido que borrar de su memoria los años en que había estado sin ellas. Ahora era como si hubiese nacido con alas, como con sus ojos o manos. Estaba preparado.[...]
No estaba en absoluto prohibido abandonar la ciudad-laberinto. Al contrario, quien lo lograba era mirado como un héroe, un bienaventurado y su leyenda era contada durante mucho tiempo. Pero eso sólo les estaba reservado a los dichosos. Las leyes a que estaban sometidos todos los habitantes del laberinto eran paradójicas, pero inmutables. Una de las más importantes decía: sólo quien abandona el laberinto puede ser dichoso, pero sólo quien es dichoso puede escapar de él.
Pero los dichosos eran raros en los milenios. [...] Esta clase de alas únicamente sostiene al que es ligero. Pero sólo hace ligero la felicidad [...] Era tan feliz que creía poder volar incluso sin alas [...] No llevaba sobre el cuerpo más que una red de pescador que arrastraba como una larga cola por las calles y callejas, los pasillos y habitaciones.[...]
Una vez el hijo sintió que la red que arrastraba quedaba prendida y volvió sobre sus pasos. Bajo el arco de una puerta vio sentado a un mendigo cojo que enganchaba una de sus muletas en las mallas de la red.
-¿Qué haces? -le preguntó.
-¡Ten piedad! -contestó el mendigo con voz ronca-. A ti no te pesará, pero a mí me aliviará mucho. Tú eres un hombre dichoso y escaparás del laberinto. Pero yo permaneceré aquí para siempre, porque nunca seré feliz. Por eso te pido que te lleves una pequeña parte al menos de mi desdicha. Así participaré un poco en tu evasión. Eso me daría consuelo.
Los dichosos raramente son duros de corazón, tienden a la compasión y dejan participar a otros de su abundancia.
-Está bien -dijo el hijo-, me alegra poder hacerte un favor con tan poco...
Si alguien quiere continuar leyendo, el libro completo esta aquí
http://www.scribd.com/doc/6399327/El-Espejo-en-El-Espejo-Michael-Ende






